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Otro récord de superávit comercial gracias a Vaca Muerta y la caída de las importaciones industriales
El Gobierno consiguió el número que prueba el éxito de su modelo económico exportador: un superávit comercial récord, como no se veía hace años. Pero detrás del festejo aparece una postal más compleja. La Argentina exporta más petróleo, aprovecha mejores precios internacionales y al mismo tiempo importa menos piezas, insumos y bienes ligados a la producción industrial, la gran perdedora del modelo.
En mayo, las exportaciones alcanzaron USD 9.537 millones, el mayor registro mensual de la serie. El salto fue de 34,4% interanual. Las importaciones, en cambio, sumaron USD 6.033 millones y cayeron 7% contra el mismo mes del año pasado. Así, el saldo comercial cerró con un superávit de USD 3.504 millones.
En los primeros cinco meses del año, el excedente acumulado llegó a USD 11.783 millones. La comparación es elocuente: en el mismo período de 2025, el saldo había sido de apenas USD 1.900 millones. La balanza comercial se convirtió en una de las pocas fotos que el oficialismo puede mostrar sin retoques.
El detalle de las exportaciones confirma el cambio de composición. Contra abril, las ventas externas crecieron 0,5% desestacionalizado. Contra mayo del año pasado, subieron USD 2.442 millones. El avance combinó mayores cantidades, que crecieron 18%, y mejores precios, que aportaron otro 14%.
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El principal impulso vino de combustibles y energía. Ese rubro creció 167% interanual y sumó USD 1.091 millones adicionales. El producto estrella fueron los aceites crudos de petróleo. Las manufacturas de origen agropecuario también empujaron: subieron 21% y aportaron USD 508 millones más, con grasas, aceites y carnes como motores. Las carnes crecieron 37% y sumaron USD 127 millones.
Los productos primarios aumentaron 22,5% interanual, sobre todo por cantidades, que treparon 25%. Las manufacturas de origen industrial crecieron 20%, con un aporte de USD 394 millones. Allí se destacó el avance de productos químicos, donde entra el carbonato de litio. El Gobierno lee ese dato como diversificación. En el mercado, algunos prefieren llamarlo una canasta más primarizada con algunos destellos de valor agregado.
La otra mitad de la historia está en las importaciones. Las compras externas siguieron estancadas, en línea con una actividad que no termina de traccionar. Contra abril, cayeron 2,5% mensual desestacionalizado. Contra mayo de 2025, bajaron 7%. La baja se explicó únicamente por cantidades, que retrocedieron 14%, porque los precios subieron.
Salvo bienes intermedios, que aumentaron solo por precios, todos los rubros importados mostraron caídas interanuales. La señal más delicada fue la de piezas y accesorios para bienes de capital, que se desplomaron 27% y restaron USD 374 millones. No es un dato menor. Cuando una economía compra menos partes para máquinas, equipos y transporte, no solo ahorra dólares: también muestra que invierte menos o que produce menos.
“Es un número espectacular, pero no hay magia. Una parte sale de Vaca Muerta y otra de una economía que no demanda importaciones porque está fría”, dijo a LPO un operador de comercio exterior. En otra mesa del sector privado lo resumieron con menos diplomacia: “El superávit también lo explica la recesión fabril”.
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Ese es el punto incómodo para el relato oficial. El modelo exportador libertario funciona en sus propios términos. Consigue dólares, mejora el saldo comercial y reduce la presión importadora. Pero lo hace con un patrón muy claro: energía, agro, minería y una industria acorralada por la apertura, el costo financiero y la caída del mercado interno.
En los primeros cinco meses, la mejora del saldo se explicó en buena medida por un menor déficit de los sectores menos dinámicos. Pasaron de un rojo de USD 18.000 millones en 2025 a uno de USD 14.000 millones en 2026. A eso se sumó el salto energético: el saldo del sector pasó de USD 3.000 millones a USD 5.400 millones.
La balanza comercial energética es el nuevo fenómeno del intercambio argentino. En mayo registró un superávit de USD 1.542 millones. En los primeros cinco meses acumuló USD 5.402 millones, un 79% más que en el mismo período del año pasado.
Según el informe de Intercambio Comercial Argentino del INDEC, las exportaciones de energía llegaron en mayo a USD 1.745 millones, con una suba de 167% interanual. Las compras externas del sector fueron de apenas USD 202 millones, un 33% menos. Desde enero, las ventas externas energéticas sumaron USD 6.182 millones, un crecimiento del 45%, mientras que las importaciones totalizaron USD 779 millones, un 38% menos.
El petróleo fue el gran protagonista. Las ventas de crudo alcanzaron USD 1.172 millones en mayo, un salto de 322% interanual. El aumento respondió sobre todo a mejores precios, empujados por la tensión en Medio Oriente, que llevó el barril por encima de los USD 100 en las semanas previas. Tras el acuerdo entre Irán y Estados Unidos, el precio cayó fuerte y dejó una advertencia para los próximos meses: el viento de cola puede cambiar rápido.
El crecimiento del crudo no puede apoyarse mucho más en volumen por falta de infraestructura. En el sector remarcan que la próxima escala depende de obras clave como el oleoducto VMOS, que debería comenzar a operar en enero 2027.
También crecieron las exportaciones de naftas, propano y butano. La venta de gas natural a Chile, en cambio, cayó levemente.
En el sector casi nadie discute que este giro no nació en diciembre de 2023 con Milei, aunque el actual gobierno lo acentuó libertando el precio y las exportaciones petroleras. Una decisión clave.
La balanza energética pasó de un déficit estructural a un superávit récord de USD 7.815 millones en 2025 por una acumulación de decisiones de Estado. La recuperación de YPF en 2012, el acuerdo piloto con Chevron en Loma Campana en 2013, la curva de aprendizaje en Vaca Muerta y la construcción de infraestructura fueron los cimientos de este resultado.
Antes de la expropiación del 51% de YPF, la Argentina arrastraba una caída de producción que disparó la importación de combustibles. Las compras externas pasaron de USD 550 millones en 2003 a más de USD 10.200 millones en 2012. El otro mojón fue el Gasoducto Presidente Néstor Kirchner. Inaugurado en julio de 2023, permitió llevar gas no convencional desde la Cuenca Neuquina hacia los centros de consumo. Esa obra alivió el cuello de botella del transporte y redujo importaciones de GNL y gas de Bolivia.
Pero está también muy claro que Milei apostó fuerte por las exportaciones petroleras y liberó precios y volúmenes, además de ofrecer el RIGI para acelerar inversiones.
Como sea, la consultora LCG, fundada por Martín Lousteau, advierte que el segundo semestre puede ser menos brillante. Junio debería mostrar una menor liquidación del agro frente a mayo, que suele ser el mejor mes del año. Los niveles seguirían siendo buenos, pero con menor impulso. A la vez, la baja del precio del petróleo, si se sostiene la distensión en Medio Oriente, puede recortar la potencia de las exportaciones de combustibles.
El punto sensible es el derrame. Exportar más es una condición necesaria para una economía que siempre se queda sin dólares, pero la microeconomía todavía no percibe la bonanza.
“Los dólares entran, pero no necesariamente bajan al llano. Sin encadenamientos locales, el boom exportador termina en balances privados, no en desarrollo”, dijo a LPO una fuente que sigue de cerca el sector energético.
Esta nota fue publicada en el portal LaPolíticaOnline. Leer más

