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Caputo anticipó que la inflación de marzo superará el 3% , pero dijo que en abril bajará

En la antesala del dato oficial de la inflación de marzo, el ministro de Economía, Luis Caputo, buscó anticipar el golpe y blanqueó que el IPC se ubicará por encima del 3%. Lo atribuyó a un shock externo. Más precisamente, al impacto de la guerra en Medio Oriente sobre los precios de la energía. La explicación es directa. La duda, también.

El conflicto en Medio Oriente alteró el tránsito por el Estrecho de Ormuz, una arteria clave por donde circula cerca de una quinta parte del petróleo mundial. Las dificultades logísticas redujeron la oferta efectiva. Y el precio reaccionó. 

El barril de Brent se mueve en torno a los 100 dólares. Un nivel que no es neutro para ninguna economía importadora de inflación como la Argentina. Porque los precios de las materias prima que exporta se fijan afuera. Como el trigo cotiza en Chicago, el pan también. 

REM: El mercado empeora las previsiones sobre inflación, empleo y crecimiento

Caputo tomó ese dato como explicación y como punto de partida. Dijo que el aumento de marzo responde a ese shock. Y, en paralelo, aseguró que desde abril comienza un proceso de desinflación y crecimiento. Habló de los “mejores 18 meses de la Argentina”. Un contraste fuerte con el presente. Y más fuerte aún con el escenario internacional.

Porque no hay señales de que ese shock esté cediendo. Al contrario. Los datos de Estados Unidos funcionan como un anticipo de lo que puede venir. La inflación anualizada fue del 3,3%. Para estándares norteamericanos es alta. Pero además tiene un rasgo clave: estuvo explicada casi en su totalidad por la energía. El petróleo, otra vez, como motor.

Caputo prometió que en abril bajará la inflación, pero en el mes en curso seguirá impactando fuerte la suba del precio de los combustibles.

El detalle técnico es importante. Ese dato releva precios hasta el 22 de marzo. Es decir, capta el primer impacto de la suba de combustibles. Pero todavía no refleja el traslado completo a otros precios. Ni a servicios. Ni al consumo. En términos simples: el efecto de segunda ronda aún no apareció. Por eso, en los mercados creen que no se vio lo peor.

Las proyecciones de los bancos van en esa línea. Goldman Sachs ajustó su escenario para el segundo trimestre: estima un Brent en torno a los 90 dólares si el contexto se estabiliza. Pero advierte que, si la tensión escala, puede subir a una zona de entre 100 y 115 dólares. Mientras que el especialista Fereidun Fesharaki advirtió que el precio del petróleo podría trepar a 150 dólares,  200 dólares o más, si el Estrecho de Ormuz sigue bloqueado.

Ese contexto global ya tiene efectos concretos en Argentina. La nafta subió cerca de 23% desde el inicio del conflicto. El impacto se siente en el transporte, en la logística y en toda la estructura de costos. Es el canal más rápido de transmisión del shock externo a la inflación doméstica.

Frente a eso, el Gobierno activó medidas paliativas. YPF decidió frenar los aumentos en surtidores hasta mediados de mayo bajo un esquema de “pacto con sus clientes”. Esto quiere decir, que en caso de que el barril baje, el surtidor se mantendrá sin cambios para compensar la medida.  

En paralelo, Caputo suspendió la actualización de los impuestos a los combustibles (ICL). Y autorizó a elevar el corte de bioetanol al 15%, buscando abaratar costos, lo que choca contra la disparada del precio de los fertilizantes. 

Son herramientas defensivas. Buscan amortiguar. “Estamos comprando tiempo”, reconoció a LPO un diputado aliado al gobierno. 

Esta nota fue publicada en el portal LaPolíticaOnline. Leer más

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